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6 de septiembre de 2008

DE POLÍTICA EDUCATIVA

En esta ocasión he querido hacer un planteamiento que evidentemente se encuentra lejos de la erudición respecto a la política educativa, sus orígenes y constituyentes tratando que se pueda tener un acercamiento conceptual y ¿por qué no? lograr diferenciar si la vorágine actual de reformas en educación corresponden a una verdadera política educativa.
Para comenzar es necesario decir que las políticas en educación son planteamientos surgidos desde las políticas nacionales o incluso mundiales que pretenden lograr que las comunidades evolucionen bajo una perspectiva específica hacia una meta prediseñada.
Las políticas educativas responden a los cambios de orientación de las políticas oficiales y los reposicionamientos de ciertos sectores y son inevitablemente el resultado de cambios en el gobierno, ya sea del mismo partido o de otros partidos, cambios en las rectorías generales o de centros universitarios, de sindicatos e incluso de direcciones escolares,; por lo que no todos los cambios que se pretenden implementar en un espacio escolarizado responden a una política educativa.
Tanto la política nacional como las políticas educativas deben contener un plan global dispuesto para todo el sistema al que compete así como unos constitutivos, de manera que puedan visualizarse sus actividades y sus efectos.
Son constituyentes de las políticas –educativas-:
a) Un contenido, el cual se adopta para conseguir unos resultados concretos en tanto respondan a la orientación ideológica del consejo o sujeto que la impulsa.
b) Un programa, también puede concebirse como una línea consistente de actuación mantenida a lo largo del tiempo y no una lista de cosas por hacer sin que medie una estrategia común, un contenido ni una ideología asumida.
c) Orientación normativa, entendida como la voluntad orientada a establecer normas o aprobar leyes con la finalidad de que los contenidos, el programa y la orientación ideológica se vean salvaguardadas íntegramente para que no se diversifiquen los enfoques.
d) Una factor de coerción, su finalidad es que las políticas puedan ser implantadas, para este efecto se recurre frecuentemente a la coerción verbal, laboral, normativa etc. aún así, todas las políticas pueden ser entonces aceptadas pasivamente, impuestas so penas diversas o bien, resistidas. Es crucial a fin de resistir cualquier política, conocerla de fondo, compararla y argumentar las posibilidades de éxito o fracaso.
e) Una competencia social, donde se afecta –o impacta- un sector concreto o situación específica y por ende, a los intereses de los administrados y de quienes administran a dicho sector.
Ahora bien, para implementar una política educativa concreta se requieren de dos actividades distintas íntimamente relacionadas pero que la actuación de ellas apegada a los constitutivos ya mencionados, asegura el éxito o bien las dirige al fracaso rotundo, estas actividades son de gestión, la una , interna o administrativa, que es donde generalmente se desvirtúa la política educativa nacional impulsada debido al conflicto de intereses por la competencia social así como a las formas de coerción implantadas arbitrariamente y sobre todo a que los programas y contenidos no se conciben como resultado de la perspectiva ideológica –teórica- de la que emanan.
La otra es una gestión externa –la política propiamente dicha- que en el supuesto, cuenta y responde efectivamente, con todas las características de las políticas y que por tanto, poseen un rumbo definido pero que son inoperables si se carece de la gestión interna.
Los estudios profesionales sobre políticas y específicamente sobre políticas educativas representan un área sumamente compleja ya que el objeto de estudio son precisamente las políticas impulsadas. Estos estudios se caracterizan por ser abstractos, mediatos, no lineales pero sí transferibles, de manera que a partir de éstos es posible conocer el seguimiento y evaluación de las políticas implementadas. En otras palabras, no se estudia aquí para ser político sino para estudiar las políticas, sus orígenes, metas, programas y efectos.
Si bien es preferible que un político posea ciertas características de personalidad, entre las que destaca la verbigracia o diplomacia, es absolutamente necesario a fin de que se le considere un líder, que conozca a fondo y con sustentos sólidos cómo se implementa una política para luego poder defenderla, instrumentarla y evaluarla a través del impacto al sector social para el que fue diseñada.
Con estos elementos he pretendido motivar a la reflexión en torno a la política educativa que este sexenio ha venido impulsándose y que a todas luces ha sido aceptada por el sector sindical magisterial; ¿estas reformas corresponden a una política educativa? o son solo el capricho del grupo en el poder bajo el argumento del plan de desarrollo sexenal, y nuestros líderes, ¿son realmente líderes que responden a la política educativa? ¿Conocen y comprenden qué es específicamente ésta política, cómo se instrumenta? ¿Convencen argumentando una línea de gestión? o acaso ¿simplemente recurren a la coerción laboral y al status jerárquico que les ha tocado detentar?, y el impacto social… ¿realmente beneficia al sector al cual se ha dirigido?
Tal vez al reflexionar sobre estos y otros puntos, logremos comprender el por qué cuando oponemos resistencia argumentando sólidamente nuestra postura, simplemente nos obstaculizan, congelan y hasta sancionan… ¿será que nuestros líderes no lo son en realidad?