TIEMPOS HÍBRIDOS
Por:
Dr. Ignacio Iván González Anaya
Hace
22 años ingresé al Sistema Educativo de Jalisco, si bien no soy Normalista en
ese entonces fui requerido para formar un gabinete Psicopedagógico en una
secundaria.
Psicólogo
de profesión, entendí que en la carrera docente uno debía estar actualizado y
evaluado cada año o ciclo escolar. Hasta el día de hoy por voluntad e
iniciativa en un primer momento y posteriormente por participar en el programa
de promoción horizontal, año tras año lo he realizado. Del pasado a la
actualidad, desde lo que fue el ProNap hasta lo que actualmente es Formación
Continua, así como Carrera Magisterial, siempre acredité mis procesos de
evaluación. Al menos dos cursos por año he tomado y mis alumnos siempre han
obtenido muy buenos resultados en su evaluaciones (las realizadas por Carrera
Magisterial y ENLACE).
He
obtenido tres Diplomas al Mérito Académico, de esos que por obtener más de 80
en calificación en los exámenes del ProNap y Formación Continua te otorgaba la Secretaría de Educación Pública.
Realice la Maestría en Ciencias de la Educación y el Doctorado en Metodología
de la Enseñanza. En la última evaluación de Carrera Magisterial obtuve 98.44,
donde mis alumnos evaluados ganaron 50 puntos de 50 posibles.
En
22 años nunca he recibido un felicidades o un reconocimiento público y nunca lo
busqué pues entiendo que esto es solo el resultado de mi obligación al realizar
mi trabajo y, porque seguro estoy siempre habría alguien (muchos) mejor que yo.
Hoy
escucho una mar de declaraciones en contra de l@s Maestr@s y ya que me asumo
como tal (por adopción gremial y por vocación formativa), es que me surgen
varios argumentos-cuestionamientos sobre lo que soy y hemos hecho en este medio
laboral: ¿cómo es que alguien como yo (como muchos) podría (podríamos) aceptar
como propio todo ese maremágnum de palabras que buscan lapidar el poco
prestigio y orgullo con el que día a día realizo (realizamos) mi (nuestro)
trabajo? ¿Por qué generalizarme en el argumento cupular de la evaluación y la
sorna mediática sobre mi quehacer como docente? ¿Acaso el Sistema Educativo, no
cuenta con el historial de formación y resultados de cada uno de los maestr@s
para saber específicamente a dónde dirigir las políticas para reformar la
educación y sus procesos? ¿Se habrán dado cuenta que existen medios y personas
que facilitan los logros en este quehacer, y que por lo tanto podrían ser
modelos de y para escuelas y prácticas exitosas?
En
mi último trabajo de grado titulado “La identidad como rectora del sentido de
la acción en la docencia, en Educación Básica” hablo de un diagnóstico de los
docentes y de las prácticas realizadas, de las representaciones sociales en
ellos y por ellos, de la influencia y rigidez estructural con la que se
construyen y constituyen los espacios laborales, de los procesos de formación actuales, amén
de alternativas para la transformación.
No creo que mi trabajo sea la solución; y seguro estoy de ello comparándome con
el tamaño del sistema; pero sí creo que es solamente otra mirada (con grado
Doctoral) desde la cual se podría (y se puede) haber permeado la intención
legitima y real de la Reforma Educativa.
Los
Maestros excelentes existen y eso habrá que reconocerlo y reconocerlos, pero
igualmente existen deficiencias e inercias y ellas deberán ser transformadas,
¿desde dónde? quisiera creer que desde la visión integral del fenómeno
educativo y no solamente desde la visión mononuclear de la cúpula que define
las políticas del País.