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15 de mayo de 2013

TIEMPOS HÍBRIDOS

TIEMPOS HÍBRIDOS
 
Por: Dr. Ignacio Iván González Anaya

Hace 22 años ingresé al Sistema Educativo de Jalisco, si bien no soy Normalista en ese entonces fui requerido para formar un gabinete Psicopedagógico en una secundaria.

Psicólogo de profesión, entendí que en la carrera docente uno debía estar actualizado y evaluado cada año o ciclo escolar. Hasta el día de hoy por voluntad e iniciativa en un primer momento y posteriormente por participar en el programa de promoción horizontal, año tras año lo he realizado. Del pasado a la actualidad, desde lo que fue el ProNap hasta lo que actualmente es Formación Continua, así como Carrera Magisterial, siempre acredité mis procesos de evaluación. Al menos dos cursos por año he tomado y mis alumnos siempre han obtenido muy buenos resultados en su evaluaciones (las realizadas por Carrera Magisterial y ENLACE).

He obtenido tres Diplomas al Mérito Académico, de esos que por obtener más de 80 en calificación en los exámenes del ProNap y Formación Continua te  otorgaba la Secretaría de Educación Pública. Realice la Maestría en Ciencias de la Educación y el Doctorado en Metodología de la Enseñanza. En la última evaluación de Carrera Magisterial obtuve 98.44, donde mis alumnos evaluados ganaron 50 puntos de 50 posibles.

En 22 años nunca he recibido un felicidades o un reconocimiento público y nunca lo busqué pues entiendo que esto es solo el resultado de mi obligación al realizar mi trabajo y, porque seguro estoy siempre habría alguien (muchos) mejor que yo.

Hoy escucho una mar de declaraciones en contra de l@s Maestr@s y ya que me asumo como tal (por adopción gremial y por vocación formativa), es que me surgen varios argumentos-cuestionamientos sobre lo que soy y hemos hecho en este medio laboral: ¿cómo es que alguien como yo (como muchos) podría (podríamos) aceptar como propio todo ese maremágnum de palabras que buscan lapidar el poco prestigio y orgullo con el que día a día realizo (realizamos) mi (nuestro) trabajo? ¿Por qué generalizarme en el argumento cupular de la evaluación y la sorna mediática sobre mi quehacer como docente? ¿Acaso el Sistema Educativo, no cuenta con el historial de formación y resultados de cada uno de los maestr@s para saber específicamente a dónde dirigir las políticas para reformar la educación y sus procesos? ¿Se habrán dado cuenta que existen medios y personas que facilitan los logros en este quehacer, y que por lo tanto podrían ser modelos de y para escuelas y prácticas exitosas?

En mi último trabajo de grado titulado “La identidad como rectora del sentido de la acción en la docencia, en Educación Básica” hablo de un diagnóstico de los docentes y de las prácticas realizadas, de las representaciones sociales en ellos y por ellos, de la influencia y rigidez estructural con la que se construyen y constituyen los espacios laborales,  de los procesos de formación actuales, amén de alternativas  para la transformación. No creo que mi trabajo sea la solución; y seguro estoy de ello comparándome con el tamaño del sistema; pero sí creo que es solamente otra mirada (con grado Doctoral) desde la cual se podría (y se puede) haber permeado la intención legitima y real de la Reforma Educativa.

Los Maestros excelentes existen y eso habrá que reconocerlo y reconocerlos, pero igualmente existen deficiencias e inercias y ellas deberán ser transformadas, ¿desde dónde? quisiera creer que desde la visión integral del fenómeno educativo y no solamente desde la visión mononuclear de la cúpula que define las políticas del País.